Vídeo webinar: Feminismo pacifista en tiempos de pandemia: ¿cómo construimos un futuro común para el día después?

Ante el desafío que supone la crisis del coronavirus Covid-19, desde el feminismo pacifista se analiza, debate y se exponen propuestas y aportaciones sobre las decisiones y medidas que se deberían adoptar para construir un futuro común, sin dejar a nadie atrás.

Manuela Mesa, codirectora de DEMOSPAZ-UAM, subrayó que la crisis del COVID-19 nos interpela como organización feminista pacifista. De hecho, el trasvase del gasto en defensa a la inversión en servicios públicos es una reivindicación histórica del pacifismo. El feminismo, por su parte, reclama la posición central de los cuidados como eje de nuestra organización social. Por eso el pacifismo feminista tiene mucho que decir para abordar en esta crisis.

Carmen Magallón, presidenta de la Fundación SIP y presidenta de honor de WILPF España, subrayó que la presente crisis puede suponer un cambio sustancial en el sistema mundial. Recordó la importancia de campañas como la de WILPF International #MoveTheMoney, que exigen mover el dinero de gasto militar hacia “políticas públicas de cuidado y no de dominio”. En esta situación de encrucijada en la que nos encontramos, Magallón apuesta por “reforzar las organizaciones multilaterales, fomentar gobiernos verdaderamente democráticos en el ámbito local, y acabar con la supremacía masculina, porque supremacía es violencia”. Por otro lado, quiso poner de manifiesto que esta crisis nos recuerda una realidad que hemos querido ignorar: nuestra vulnerabilidad radical. “Tenemos que asumirla para defender las políticas de cuidados”, afirma.

Tica Font, investigadora del Centre Delàs, abunda en esta idea: “Hemos visto muchas crisis humanitarias por la televisión, pero no parecía que éramos inmunes. La vulnerabilidad ante el COVID-19 es personal pero también colectiva”. Experta en desarme, Font recordó que “la industria militar española está controlada por el Gobierno y es potente, pero la industria tradicional para fabricar mascarillas y batas de protección, está en manos del mercado. ¿Cómo puede ser que la industria militar esté tan protegida y la sanidad tan privatizada, marcada por intereses del mercado y no del cuidado colectivo? “. Para salir de esta crisis, Tica Font defiende “establecer nuevas reglas: diversificar y desglobalizar la industria, acabar con el individualismo y hacer que las relaciones humanas sean menos de dominio y más de comunidad”. Font criticó que los países miembros de la OTAN tengan la obligación de gastar un mínimo de 2% del PIB en armamento mientras que no existe un requerimiento mínimo por parte de organismos internacionales para invertir en salud.Hay compromisos internacionales para mantener el gasto militar y aumentarlo, pero no hay presión para que se mantengan los gastos del cuidado de la vida, como sanidad”.

Estefanía Rodero, socióloga de la cultura, recordó que se está proponiendo “una salida regresiva de la crisis en cuanto a derechos humanos”. Con esta pandemia, apunta, “el mito del homo economicus ha caído totalmente, igual que la gestión empresarial de la vida.  Tenemos que generar vínculos y comunidad y ampliar derechos humanos” para evitar las “salidas regresivas”.

En el debate se abordó un nuevo concepto de seguridad, pues, como señaló Manuela Mesa, “una sociedad más segura es, sin ninguna duda, una sociedad menos desigual”. Así, Estefanía Rodero criticó “las propuestas para emplear a migrantes en situación irregular en las tareas del campo”, que “dejan ver un trasfondo de políticas que valoran la vida en función de su productividad. ¿Es que hay vidas que merecen más protección que otras?”. Por eso abogó por la “oportunidad de hacer políticas públicas a favor de la dignidad humana”, y para lograrlo consideró imprescindible “que hable con su voz propia quien lo vive: familias monomarentales, colectivos antirracistas”. En este sentido, Rodero recordó que “la regularización de las personas migrantes y la regulación de las trabajadoras del hogar son dos medidas urgentes que Portugal ha tomado y de la que deberíamos tomar ejemplo. Su situación administrativa es un eje de violación de los derechos humanos”. Además, Rodero resaltó la importancia de prevenir los discursos del odio como “un eje de la política cultural en nuestro país.” 

Carmen Magallón recordó, en línea con la idea de que la seguridad va unida a una mayor justicia social, que “la fiscalidad progresiva y una renta básica universal son fundamentales para reducir las desigualdades y tener una sociedad más segura“.

Por último, Tica Font denunció que “se están dando respuestas militaristas y muy autoritarias en todo el mundo”. Es más, “hemos cedido el derecho a la libre circulación y se quiere controlar el derecho a nuestra privacidad. No bajemos la guardia con nuestros gobernantes, hemos cedido esos derechos pero no los podemos perder”, concluyó.

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