Rosa Parks, por Carmen Magallón

Artículo publicado originalmente en El Heraldo de Aragón.

Mientras continúan las protestas contra el racismo, extendidas por el mundo tras el asesinato de George Floyd en Estados Unidos, se constata lo largo y costoso que está siendo el camino para erradicar la discriminación racial, lo fuertes que son las resistencias humanas para cambiar actitudes. Hay una necesidad permanente de educar y reeducar, de ofrecer modelos que contrarresten, en este caso el racismo, y nos recuerden las mejores capacidades del ser humano. En el pasado encontramos figuras que siguen siendo un ejemplo de dignidad y una fuente de inspiración para todos. Es el caso de Rosa Parks, pionera en la defensa de los derechos civiles de la población negra, desde una actitud de compromiso y riesgo personal. 

En 1955, en un autobús de Atlanta se sentó en la parte reservada a los blancos y cuando fue conminada a levantarse se negó. La ley segregadora entonces vigente marcaba que los negros tenían que viajar en la parte trasera del autobús. El arresto de Parks por su osadía sería el comienzo de un movimiento no violento contra la discriminación racial que luego encabezaría Martin Luther King. Tras el incidente, comenzaría un largo boicot a los autobuses. La gente utilizó y acogió en sus coches particulares o se desplazó andando. Preguntada por su cansancio, Parks contestó, “ahora mis pies están cansados pero mi alma ha descansado”. Aquella legislación fue derogada, pero sus posos continúan vivos. El peligro se multiplica cuando la letalidad de las armas entra en escena.

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