¿Qué nos ha enseñado el Covid-19 sobre el neoliberalismo?

Artículo de Nela Porobić Isaković – Coordinadora de WILPF en Bosnia Herzegovina.

La pandemia de COVID-19 ha expuesto los efectos tóxicos de un sistema que durante demasiado tiempo ha dominado todos los aspectos de nuestras sociedades. El neoliberalismo, como ideología económica del capitalismo, ha mermado nuestros servicios públicos, ha convertido nuestra educación y atención médica en negocios con ánimo de lucro, ha acumulado beneficios a expensas de los trabajadores infravalorados y mal remunerados, ha favorecido la rentabilidad de un mundo militarizado sobre la seguridad y el bienestar humanos y ha agravado las desigualdades entre personas y países.

En medio de la pandemia, se revela todo el alcance de los efectos del neoliberalismo. No todos los países y regiones se verán afectados de la misma manera. No todas las personas se verán afectadas de la misma manera. La capacidad de aislar, trabajar desde casa, educar a sus hijos en el hogar, hacer acopio de alimentos, acceder a la atención médica y reconstruir su vida financiera (y psicológicamente) después de la pandemia depende de la clase, el género, la raza, la edad y la geografía.

Estamos en una encrucijada

Pero aunque las escalas serán diferentes, los problemas serán similares. Habrá un impacto en el empleo, y de hecho las corporaciones ya están pidiendo rescates; la carga del cuidado de las mujeres ya es enorme; el estado de emergencia proclamado en todo el mundo tendrá un efecto en nuestras libertades y derechos humanos; nuestra movilidad será diferente. Pero aunque no podemos (por el momento) hacer nada sobre cómo funciona el virus, podemos usar este impulso para comenzar a transformar la forma en que operan nuestras sociedades. La elección que afrontamos, local, regional, nacional y globalmente, es si vamos a sucumbir al capitalismo de desastre y al mantra neoliberal de que cada persona / país se apañe por sí mismo, o vamos a aprovechar esta oportunidad (aunque indeseada y peligrosa) para construir sociedades que fomenten la solidaridad, la igualdad y el cuidado del medio ambiente y de nuestros semejantes. Podemos comenzar a transformar la forma en que interactuamos entre nosotros y con el medio ambiente y cómo respondemos a la crisis para no solo “aplanar la curva” con respecto a la propagación de COVID-19, sino también aplanar las consecuencias de la pandemia.

El interés público siempre debe estar por encima del interés privado.

Las ganancias y el interés privado impulsan el capitalismo y el sistema neoliberal. Durante décadas hemos vivido en la narrativa de la ineficiencia de las instituciones públicas y su supuesta incapacidad para prestar servicios de manera eficiente, racional y rentable. Las instituciones financieras internacionales han estado pidiendo a los gobiernos que den un paso atrás y dejen espacio para que las empresas privadas creen riqueza, supuestamente porque las ganancias privadas son buenas para todos. Se supone que los Gobiernos solo deben intervenir para manejar los problemas cuando surgen, lo que crea una relación asimétrica entre lo público y lo privado que solo puede describirse como: las ganancias son privadas; los riesgos, públicos.

Esa narrativa nunca planteó una pregunta sobre qué beneficios tienen que ver con el bienestar de las personas y las comunidades. Los Gobiernos de todo el mundo, desde Suecia, Reino Unido, Estados Unidos, Líbano, Chile, Sudáfrica hasta Australia, se han rendido a la idea de desregulaciones, reducciones de impuestos y privatización de los recursos públicos. Un informe publicado recientemente “Austeridad: la nueva normalidad Un consenso de Washington renovado 2010-24” muestra cómo algunas de las medidas más comunmente consideradas han sido las reformas de pensiones y seguridad social, la flexibilización de los derechos laborales y la reducción de la factura salarial, reducción o eliminación de subsidios, fortalecimiento de la asociación público-privada y reformas sanitarias. De lo que se tratan realmente con estas medidas es de reducir la cantidad de dinero gastado en el sector público y la expansión de la participación de los actores privados en lo que se considera dominio público. En un mundo capitalista, las inversiones privadas en servicios públicos solo pueden tener sentido si hay un beneficio que obtener. Todo lo demás va en contra de la lógica del capitalismo. Por eso, en un mundo capitalista, tiene mucho sentido continuar invirtiendo en recursos naturales no renovables a pesar de la abrumadora evidencia de la destrucción que trae consigo. El mantra del capitalismo es que la libertad siempre proviene de la responsabilidad personal, la capacidad y el trabajo duro del individuo. Las desigualdades se consideran una parte necesaria de cualquier sociedad y se fomenta la competitividad en todos los ñambitos. Por eso, en un mundo neoliberal, está bien que el 1% más rico del mundo posea el doble de riqueza que 6.900 millones de personas.

COVID-19 pone de manifiesto la importancia del sector público para nuestro bienestar

COVID-19 es una historia sobre lo que ese enfoque ha hecho a la capacidad de nuestras instituciones públicas para responder a los desafíos que enfrentamos hoy y los desafíos que enfrentaremos en el futuro. Los efectos negativos de un sector público mermado eran previamente visibles principalmente para aquellos que necesitaban más apoyo: los trabajadores mal pagados que necesitaban complementar sus ingresos con beneficios sociales que constantemente se reducían; mujeres cuya capacidad para trabajar y ganar dinero dependía de la accesibilidad y la asequibilidad de las escuelas infantiles (cuyo número se reducía constantemente); aquellos que no podían pagar un seguro médico privado pero vieron desaparecer la accesibilidad de la atención médica pública, etc. También fue muy visible para los trabajadores médicos mal pagados, quienes, incluso durante el período anterior al virus, tuvieron que hacer frente a la situación con un sistema de salud agotado. Hoy, personas de diferentes países están organizando aplausos colectivos para el personal médico, queriendo mostrar su gratitud por los incansables esfuerzos del personal médico. Eso es excelente para la moral, pero el personal médico no necesitaría nuestros aplausos si tuvieran suficiente personal y equipamiento adecuado para comenzar.

El agotamiento de la salud pública tiene un efecto diferenciado en las mujeres. Las mujeres que proporcionan la mayor parte de la atención informal dentro de las familias experimentaron que su carga aumentaba al mismo tiempo que se reducía el sector público. Y ahora, cuando la mayor parte de los cuidados formales e informales para los muchos, muchos miles de personas hospitalizadas y aquellas que están confinados a sus hogares son proporcionados por mujeres, cada vez está más claro que existen grandes condicionantes de género en la capacidad de nuestros sistemas de salud. para responder a este desafío.

Pero hoy debe ser evidente para todos que un sector público mermado no puede responder adecuadamente a los desafíos que se avecinan. Los actores privados (clínicas privadas, industrias que podrían producir los equipos técnicos y de otro tipo tan necesarios, las farmacéuticas, etc.), mientras antes obtenían enormes ganancias, no reconocen sus obligaciones para con el interés público en la actualidad, ni están siendo llamados por los Gobiernos a ponerse al servicio de la salud pública. Si bien la ideología neoliberal ha inculcado en nuestra conciencia pública que las instituciones públicas son ineficientes, ahora vemos muy poco de esa eficiencia privada que nos han dicho que obtendríamos.

Las cosas se pueden hacer de manera diferente

Sin embargo, hay ejemplos que muestran que es posible revertir el proceso. España ha nacionalizado temporalmente todos los hospitales privados y proveedores de atención médica, algo que era impensable antes del brote. Pero tiene sentido. El interés público debe anteceder al interés privado, siempre, pero en particular durante crisis como esta. Entonces, ¿por qué solo entender la atención médica como un derecho público y un interés público en tiempos de crisis? ¿Por qué no siempre eliminar el beneficio de la ecuación?

La solidaridad global importa

También existe una correlación entre la reducción del sector sanitario y el aumento de la deuda. Los países que están muy endeudados a menudo se enfrentan a condicionalidades de instituciones financieras internacionales que básicamente utilizan préstamos como caballos de Troya. A través de las condicionalidades que acompañan a los préstamos, se institucionalizan las medidas de austeridad y se afirma que la privatización de los servicios públicos es una salida ideológicamente neutra, objetiva e inevitable para que los Gobiernos cumplan. La privatización de los servicios desempeña un papel muy importante para minimizar las capacidades de los Estados para interferir, ya que el punto central del neoliberalismo es que los actores privados van primero. La privatización también sirve para reducir el gasto público a la mitad para que se pueda pagar la deuda.

Las instituciones financieras internacionales, en particular el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), juegan un papel clave en la propagación del neoliberalismo. La capacidad del capitalismo de desastre para capitalizar el COVID-19 dependerá en gran medida de la posición que tomen estas instituciones. El panorama no es alentador. Recietemente, el FMI rechazó la solicitud de Venezuela de cinco mil millones de dólares para ayudar a fortalecer las capacidades de respuesta del sistema de salud del país en relación con esta pandemia. Venezuela fue rechazada porque el FMI no pudo decidir quién es el líder legítimo de Venezuela. La incapacidad del régimen global para ver más allá de las diferencias ideológicas y la rivalidad política puede ser directamente mortal en un país que ya está de rodillas. En un comunicado de prensa reciente, Juan Pablo Bohoslavsky, el experto independiente de la ONU sobre los efectos de la deuda externa y los derechos humanos, dijo que tal decisión puede constituir una violación grave de los derechos humanos y requeriría la rendición de cuentas de la institución y sus decisores. En nuestra búsqueda para transformar el sistema político y económico que se arroja el derecho de decidir quién vive y quién debe morir, debemos transformar la forma en que las instituciones financieras internacionales pueden hacer negocios. Debemos introducir la solidaridad global como su principio central.

Existen alternativas más allá del neoliberalismo

A medida que avanza la pandemia, estamos viendo diferentes actos de solidaridad. Jóvenes que forman grupos para entregar alimentos a los ancianos o pasear a sus perros, o personas que comparten sus libros y recetas, cómo hacer jardinería y otras cosas comunes que en tiempos de crisis se convierten en un testimonio de nuestra humanidad, un testimonio de la importancia de lo colectivo. Otras cosas extraordinarias están sucediendo. Las cosas que antes tenían un precio, como las visitas al teatro o las clases de yoga, ahora se transmiten de forma gratuita en diferentes plataformas en línea; las herramientas educativas están disponibles para todos; incluso el medio ambiente parece estar mejor. Los derechos laborales parecen estar regresando y se otorgan licencias por enfermedad remuneradas, vacaciones pagas y otras medidas.

Todo esto da muestra de las vastas posibilidades y alternativas más allá del neoliberalismo y la explotación. Pero para que esta sorprendente demostración de solidaridad continúe, necesitamos crear sistemas que puedan fomentar esa solidaridad más allá de esta crisis y colocarla en el centro de nuestra economía, nuestro sistema político y nuestra interacción con los demás.

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