Los Derechos Humanos y la Libertad

Por Inocencia Torres Martínez

Estamos viviendo unos tiempos en los que algunos partidos políticos hacen uso y abuso de la palabra libertad. Este hecho demanda pensar para saber qué entendemos cuando apelamos a la Libertad.

¿Qué pienso yo?

Baso mis ideas en mi personal historia de la vivencia y consideración de la Libertad. De pequeña, la sentía como la necesidad de que me dejaran hacer lo que yo quisiera, seguir y satisfacer mis deseos. De alguna manera esta idea infantil de la Libertad es la inmadura e insolidaria idea que, de alguna manera, se predica desde algunos partidos políticos.

Mi nuevo encuentro con la idea de libertad fue a los dieciséis años, cuando en el curso Preuniversitario, de preparación para entrar en la Universidad, el programa de Filosofía era un curso monográfico sobre La Libertad. Me alegré y me sentí muy interesada porque creí que iba a saber lo que era la Libertad de una manera profunda y rica. Cuál no sería mi sorpresa cuando en el IES San Vicente Ferrer de Valencia el profesor de Filosofía, Juan Carlos García Borrón, nos dio un curso sobre las diferentes maneras de entender e interpretar la Libertad en las sucesivas épocas históricas y según el sistema filosófico del momento, del siglo en que se pensaba. ¡Mi sorpresa!: la Libertad no es un concepto absoluto, con una definición y concepción unívoca. La Libertad es un concepto relativo, es decir que depende del momento, del contexto histórico y de la ideología derivada de una determinada cosmovisión, de una visión o forma de ver el mundo.

Según la perspectiva histórica, económica, política, social e ideológica la Libertad se entiende, se reclama y se vive de manera diferente. La Libertad es el atributo de la voluntad, del querer, y depende de lo que se conoce, se piensa y se desea. Durante largos momentos de la Historia de la Filosofía se le ha dado prioridad y exclusividad a la teoría o visión racional. El olvido de la emoción y del sentimiento ha sido total. Más bien la Libertad era liberarse de ellos.


Hoy, en nuestros días, y desde mi punto de vista de mujer pacifista y feminista, la Libertad no puede pensarse, ni sentirse, ni ser vivida desligada de los Derechos Humanos (La Declaración Universal de los Derechos Humanos). Son estos Derechos los que garantizan la dignidad de los seres humanos, de las personas. No hay dignidad sin conciencia, libertad y responsabilidad. Y estos valores se desarrollan siguiendo los caminos, directum, las direcciones que nos muestran el despliegue de los derechos humanos al poner de manifiesto todas las necesidades del ser humano para lograr su verdadera categoría de ser PERSONA.


Estas son las bases de mi visión. No hay Libertad sin el desarrollo y el ejercicio de los Derechos Humanos, pues la Libertad es uno de ellos. No se llega a desarrollar las posibilidades de un ser humano al nacer, el logro de ser persona, si se le cierran los caminos, los derechos que, tras siglos de enfrentamientos, crisis y luchas culminadas en dos Guerras Mundiales en la primera mitad del siglo XX, se reconocieron en la Declaración de las Naciones Unidas. Esta Declaración ilumina la posibilidad de abrir caminos de paz, entendimiento, desarrollo y logro de bienestar y felicidad. Sin el cumplimiento de los Derechos Humanos no hay paz y no hay Libertad.


Me gustaría acabar planteando las preguntas sobre las relaciones entre “libertad y privilegios” y “libertad y revolución”. En el mundo de hoy, ¿es la Libertad el privilegio de unos pocos?

Si partimos del principio que rige nuestra Constitución de que la ley es igual para todos y todos estamos sujetos a la ley y las leyes quieren hacer posible la Libertad de todos, o mejor hacer posible el juego, el ejercicio de todas las libertades y no sólo la de unos pocos, entonces, ¿qué pasa con quienes detentan los privilegios, los que están privados o al margen de las leyes? ¿Las leyes nos privan de Libertad como declaran algunos/as o hacen posible la Libertad cómo piensan otros/as? 

Querer obrar al margen de la ley apelando al ejercicio de la libertad personal es la visión infantil que yo deseaba en mi niñez.

¿Es posible una revolución respetando las leyes? ¿Cómo cambiar o hacer evolucionar las leyes respetándolas y haciendo uso de nuestra Libertad?


Creo que es un hecho que hay personas que han alcanzado más libertad, un uso mayor de su libertad al haberse desarrollado a través del conocimiento. Mientras las personas en situación de exclusión, que habitan los márgenes de la desigualdad, aquellas personas a las que se les niega un desarrollo integral, que se les impide transitar por el camino de los derechos, tienen mayores dificultades para ejercer su libertad. Sin educación, sin derecho a la salud, sin vivienda, sin apoyo a la dependencia, sin poder satisfacer con dignidad las necesidades básicas es muy difícil ejercer la Libertad para pensar y contribuir a lo colectivo.


¿COMUNISMO O   LIBERTAD? Es una falsa proposición, es un falso dilema.

Os propongo: “VIVIR la COMUNIDAD de los Derechos Humanos es nuestra LIBERTAD”.

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Showing 2 comments
  • Carmen Romeo Pemán
    Responder

    Gracias, Inocencia! Por esta reflexión, magníficamente expresada. Me ha hecho pensar mucho y seguiré pensando contigo.
    Eres una gran filósofa, catedrática de Filosofía. Y eso se nota.

  • M CARMEN DURÁN MARTÍNEZ
    Responder

    Q bien explicado y argumentado con la evolución correspondiente,dsd “una niñez”,hasta la posibilidad de “indagar” en el tiempo el x q d los DDHH y su evolución ,q han de ir con el tiempo q nos corresponde vivir,pero si perder d vista la DIGNIDAD y el compromiso q como ciudadanía responsable,tenemos el deber de SEGUIR.GRACIAS

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