Video Webinar.- Feminismo pacifista en tiempos de pandemia: hacia la construcción de nuevos simbólicos

Como subrayó nuestra presidenta, Laura Alonso Cano, al comienzo del webinar: “Necesitamos nuevos simbólicos para imaginar nuevos mundos por venir ahora y después de esta pandemia”. 

Marian López Cao, Catedrática de Educación Artística de la Universidad Complutense de Madrid y moderadora del encuentro, criticó el uso del lenguaje bélico por parte de los representantes en la gestión de esta crisis. “Nuestra labor es empujar imaginarios que se han visto oscurecidos por esos imaginarios dominantes”, defendió.  Más en concreto, Marian nos invitó a reflexionar sobre cómo en paralelo “se olvidaba el lenguaje inclusivo y aparecían hombres liderando la gestión de esta crisis y se hablaba de soldados, de obediencia y de belicismo. Debemos pensar de otros modos, proponer imaginarios de cuidado frenta a modelos violentos”. Frente a imaginarios individualistas y de rivalidad, Marian nos invita a pensar “en imaginarios de procomún”. Y abrió el debate con esta pregunta: “¿Por qué se apela al imaginario de la guerra y el héroe en este contexto?”.

Sonia Herrera, Doctora en Comunicación Audiovisual y especialista en Comunicación para la Paz, recuerda una frase de “Los Juegos del Hambre”: “Esperanza es lo único más fuerte que el miedo“. Y analiza que “estas últimas semanas con ese belicismo se quería contener la esperanza e infundir miedo. Así se ha construido esa guardia de policías de balcón”. Lamenta que durante el confinamiento han triunfado películas en la retórica belicista y de miedo y cree que el cine propone otros discursos más cercanos al feminismo y los cuidados. Por ejemplo, propone la película “Juntos, nada más”, basada en un libro de Anna Gavalda, en una de cuyas escenas aparece una chica joven pintando a una mujer mayor semidesnuda. Así se pone en valor el tema de los cuidados y el acompañamiento durante la vejez. Sonia se muestra partidaria de incorporar la idea del maternaje al discurso político. Recuerda la película “¿Y ahora dónde vamos?”, que cuenta la historia de mujeres del Líbano que dejan atrás diferencias y se alían para evitar la guerra. Herrera nos invita a preguntarnos si queremos volver a la normalidad que teníamos antes  o si queremos construir una realidad diferente. Y apunta que la expresión “nueva normalidad” le resulta distópica. 

Nora Levinton Dolman, feminista, psicoanalista y docente, cuenta que el imaginario bélico “parte de la situación inicial de miedo”, que nos conecta con nuestro cerebro más instintivo, “el reptiliano, que piensa en términos de amenaza y solo se preocupa por la supervivencia”. Este discurso bélico movido por el miedo responde a una lógica patriarcal, apunta. ¿Por qué? Porque “la retórica de la guerra y la amenaza cumple la función de no tener que conectar con la emoción del miedo y el concepto de vulnerabilidad. Así la autoestima de los hombres queda salvaguardada”. 

Hortensia Hernández, Licenciada en Ciencias Químicas y Master en Género e Igualdad, recordó que Charles Darwin ya hablaba de la superioridad intelectual de los hombres. “Y este discurso sigue calando”, denuncia. Para imaginar nuevos símbolos, muestra imágenes de mujeres representando la cooperación, la confianza en nosotros mismos. Hortensia condena que “estamos en una sociedad profundamente desigual, apenas recordamos mujeres artistas o pocas de nuestras calles tienen nombre de mujer”. Por eso, propone un nuevo imaginario que represente los valores de la cooperación y confianza en nosotros mismos. 

Nora Levinton compartió imágenes que dan idea de la cooperación y el cuidado. Y evocó la imagen de plantitas que crecen en tierra helada, plantitas que se unen y organizan para poder resistir. “Es un ejemplo muy ilustrativo para generar otro imaginario, entender que nuestra supervivencia solo se garantiza cooperando y con cuidados”, señala. Nora nos cuenta que “en Italia, en los campos de concentración, se hablaba de “ancla” entre grupos de mujeres que se cuidaban mediante el trueque permitido”. 

Marian López Fernández Cao recuerda que el miedo es la excusa perfecta para construir imaginarios rígidos y verticales, como la idea de soldados, en lugar de hablar de cooperación (que implica relaciones de mucha más horizontal). El discurso belicista ha llegado a tales extremos que se suele hablar de “luchar por la paz”. Por eso Hortensia Hernández cita a Marcela Lagarde, que dijo que “no luchamos contra la violencia, sino que trabajamos por la paz”. “Cambiar así el discurso y los términos es vital”, considera Hortensia. 

Sonia Herrera analiza que “con el lenguaje belicista, se invisibiliza la vulnerabilidad como vergonzante, la interdependencia, los cuidados, el apoyo mutuo, el acuerpamiento, la vida digna”. Y denuncia que “es alarmante ver cómo se han ignorado los condicionantes sociales de la salud”, puesto que la incidencia del virus en barrios empobrecidos de Barcelona, su ciudad, es mayor que en otros barrios más favorecidos socialmente. 

Nora Levinton evoca imágenes de mujeres que han encontrado un espacio común para defender la paz en zonas de conflicto enquistado. “¿Cuáles son los valores en los que estamos educando? ¿Cómo superar esa cultura de la opresión?”, se pregunta. Ese es el desafío. Lamenta que “si dejamos que el imaginario bélico colonice nuestro lenguaje perdemos la posibilidad de acceder a otra forma de cultura, basada en la colaboración en todos los campos”. 

Marian López Fernández Cao nos habla del libro La enfermedad y sus metáforas, de Susan Sontag. En él, la autora analiza cómo vemos la enfermedad como un enemigo a batir, desde una lógica belicista. “Es necesario encontrar un lenguaje en otros términos”, defiende. 

Para cerrar el encuentro, Marian pide a las ponentes que propongan un sonido y una palabra para avanzar hacia otro imaginario posible. Hortensia Hernández propone como sonido “el aplauso a quienes nos cuidan” y la palabra “reconocimiento”. Nora Levinton propone como sonido “la música de violoncelo, que despierta muchas emociones” y la palabra “regeneración”. Sonia Herrera, que nos cuenta que está maternando a su bebé de seis meses, propone como sonido la risa y recuerda Las nanas de la cebolla  de Miguel Hernández, en el que el poeta decía a su hijo “tu risa me hace libre y me pone alas”. Y como término, propone uno rescatado del libro El mundo que necesitamos. Donna Haraway dialoga con Marta Segarra: el concepto “alegría arriesgada”, porque “me parece creativa y generadora de cosas buenas”.   

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