Epílogo (Una voz disidente en la I Guerra Mundial)

Las mujeres que se reunieron en el Congreso de La Haya constituyeron una voz disidente con voluntad de incidir en la política internacional. Fueron pioneras en muchos aspectos, también en su desempeño académico y profesional. Eran mujeres ideológicamente dispares, unidas por su rechazo a la guerra y la reclamación del voto. En la encrucijada de la guerra, eligieron seguir organizadas por la paz y la libertad, opción que dividió al movimiento sufragista. La división de las sufragistas ante la I Guerra Mundial puso de manifiesto, una vez más, que no todas las mujeres son pacifistas, que optar por la paz no es algo ‘natural’ en ellas. Como tampoco lo es la guerra o la violencia en los hombres. Tanto para mujeres como para hombres, optar por la paz es una opción libre.
Como movimiento de mujeres, el feminismo fue y es una fuerza importante contra la guerra y contra la violencia pero tampoco todos los feminismos son pacifistas. Existe consenso en el rechazo de la violencia contra las mujeres, pero el debate sobre la legitimidad o no del recurso a la fuerza sigue dentro del movimiento. Tampoco todos los feminismos se han expresado como defensa de intereses exclusivos de las mujeres como grupo excluido. El feminismo internacionalista pacifista del Congreso de La Haya es una expresión de que la política de las mujeres, como escribió Alexandra Bochetti, es la política.
Erosionar la idea de que es glorioso morir por la patria, que tan a menudo ha supuesto en la práctica morir para defender los intereses de las élites dominantes, costó muchas décadas. Pero aún hay culturas en las que los hombres se ven impulsados a inmolarse en defensa de algún paraíso prometido. En la nuestra, ya no es así. Es posible que morir por la patria se haya sustituido por vivir para consumir, pero el desapego del pedestal de la muerte es una resistencia que está afirmando que la muerte, ‘morir por’, ya no es un valor. Crece la convicción de que es mejor ‘vivir por’. La vida es lo que tenemos. Las mujeres conscientes, el feminismo pacifista, siempre han puesto la vida y su sostenibilidad, no la muerte ni bienes de otro rango, en el centro de los valores. La corriente feminista pacifista que nació en La Haya sigue empujando en esa dirección. En abril de 2015, en los mismos días que hace cien años, el mismo número de mujeres de todo el mundo, 1136, nos reuniremos de nuevo en un Congreso en La Haya: todavía no hemos logrado erradicar la guerra, en sus múltiples rostros.

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