Debate “Política exterior feminista en el marco de la cultura de paz”

Nuestra presidenta de honor, Carmen Magallón Portolés, y nuestras vicepresidentas Manuela Mesa Peinado y María Villellas Ariño, participaron en el quinto Congreso Construcción de Paz con Perspectiva de Género organizado por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Compartimos el vídeo de la sesión y un resumen de las intervenciones de nuestras compañeras.

Camen Magallón: ¿Qué aporta el feminismo a la cultura de paz?

Feminismo es un movimiento social y una teoría crítica para la transformación social. El género nace dentro del feminismo como una noción que se ha conceptualizado de diversas formas: una construcción psicosocial sobre un cuerpo sexuado o como relación jerarquizada entre los sexos.

Tenemos el reto de aterrizar la paz en políticas de acción. La paz no es una meta. Galtung hablaba de paz negativa (que algunas llamamos incompleta porque no es negativo que no haya guerra) y la positiva como cultura. La paz es una cultura en la que se busca que primen valores que persigan la erradicación de toda violencia; gestión dialogada de conflictos, desarme universal, defensa de los derechos humanos, la participación democrática, distribución justa de la riqueza, actuar en defensa de la naturaleza… Todos esos valores son asumidos por WILPF.

¿Qué aporta el feminismo a la cultura de paz y qué no puede darse por sentado? No podemos dar por sentado que todos los feminismos son pacifistas. En la Primera Guerra Mundial las sufragistas, que sí eran feministas, se dividen en quienes apoyan la guerra y otras que deciden fundar WILPF. Hoy todos los feminismos están en contra de la violencia contra las mujeres, pero no contra toda violencia.

Aunque no podemos dar por sentado que todos los feminismos son pacifistas, los feminismos tienen motivos y méritos para aportar un significante propio a la cultura de paz. A lo largo de la historia puede rastrearse una línea de incidencia civilizatoria de estas mujeres organizadas que han aportado a la cultura de paz: sufragistas, librepensadoras, defensoras de los derechos humanos, madres contra la guerra…

Carmen Magallón

Cuando en WILPF se estaba elaborando el preámbulo de una nueva Constitución se hablaba de que WILPF tenía por objetivo una paz feminista. Yo me opuse, porque el espíritu inicial de la organización, de sus fundadoras, estaba ligado a la idea de la paz como bien universal y añadirle feminista podía restar universalidad. Al final se aprobó sin feminista, pero paz feminista se usa. Se puede hablar de paz feminista en la que feminista es un atributo, como paz desde la perspectiva feminista, no como una definición sustantiva. Se trataría de una perspectiva con la que impregnar la cultura de paz con valores cultivados desde el feminismo: igualdad, inclusión, cuidado. Se puede hablar de paz feminista como la contribución a la paz universal a partir de la experiencia de un movimiento que fue excluido y que está marcado por violencias específicas: la feminización de la pobreza (violencia estructural), el feminicidio y agresiones (violencia directa) y la violencia simbólica (olvido de las aportaciones de las mujeres a la cultura y la ciencia).

Los feminismos tienen motivos y méritos para aportar un significante propio a la cultura de paz. A lo largo de la historia puede rastrearse una línea de incidencia civilizatoria de estas mujeres organizadas que han aportado a la cultura de paz: sufragistas, librepensadoras, defensoras de los derechos humanos, madres contra la guerra…

Feminismo es igualdad: abarca las interseccionalidades de género, clase, etnia que confluyen y hacen emerger la diversidad de quienes se reconocen mujeres. Feminismo es inclusión, defensa de la naturaleza,es rechazo de la violencia contra las mujeres (y en algunos feminismos el rechazo a toda violencia, es defensa de los derechos humanos.

Manuela Mesa: ¿Qué es y cómo se forjó la idea de una política exterior feminista?

En 2014, cuando Margot Wallstrom es nombrada ministra de Asuntos Exteriores de Suecia, declara su intención de promover una política exterior feminista. Fue la primera vez que se manifestaba de forma explícita la posibilidad de que la política exterior pudiera ser feminista y esto tuvo un gran impacto.

La ministra de Asuntos Exteriores sueca tenía una larga trayectoria de trabajo en la promoción de los derechos de las mujeres y de la agenda de igualdad. Antes, había jugado un papel relevante en la promoción e implementación de la Resolución 1325 sobre Mujeres, Paz y Seguridad y fue representante especial de Naciones Unidas contra la violencia sexual en los conflictos armados. También había mantenido un estrecho contacto con las organizaciones feministas. En numerosas ocasiones, Margot Wallström había resaltado el vínculo entre la participación de la mujeres en la política mundial y los avances hacia una paz sostenible.

Otros Gobiernos siguieron la estela del Gobierno sueco y declararon su intención de promover una política exterior feminista. Fue el caso del gobierno de Canadá, España y de México y otros gobiernos como Noruega, Chile, o el Reino Unido han enfatizado la importancia de la integración de la perspectiva de género en la cooperación internacional, o en las operaciones de mantenimiento de la paz, entre otras.

Los antecedentes de la política exterior feminista se remontan al inicio de la I Guerra Mundial, cuando una parte las mujeres que estaban organizadas para lograr su derecho al sufragio universal en Europa y Estados Unidos, decidieron tomar medidas para tratar de frenar la guerra. Así nació WILPF.

La adopción de la Resolución 1325 sobre Mujeres, Paz y Seguridad (MPS) por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha tenido también, un papel clave y una gran influencia en la conformación de una política exterior feminista. Esta resolución reconoce el impacto diferencial que causan los conflictos armados en las mujeres y niñas, y el papel clave que juegan las mujeres en la prevención y la resolución de conflictos, y en la construcción de la paz.

Sin embargo, las mujeres siguen estando subrepresentadas y ausentes de los espacios de poder y de toma de decisiones. La proporción de mujeres ministras de Asuntos Exteriores es del 26%, una cifra absolutamente insuficiente. El mundo diplomático esta mayoritariamente ocupado por hombres.

Aumentar la representación de las mujeres en todos los niveles de adopción de decisiones de las instituciones y mecanismos nacionales, regionales e internacionales sigue siendo un reto pendiente que una política exterior feminista podría abordar.

También ha habido aportes muy importantes desde la teoría feminista de las relaciones internacionales. Se podrían sintetizar en dos grandes posiciones:

  1. El primero, que centran su investigación en la agenda internacional de género y como ha sido incorporada en la cooperación al desarrollo, la construcción de paz, los derechos humanos o la seguridad;
  2. El segundo, los enfoques feministas críticos que, desde la teoría crítica, cuestionan la legitimidad de las estructuras internacionales en las que se ha insertado dicha agenda, cuestionando su capacidad de subvertirlas y, por lo tanto, alcanzar realmente la equidad de género.

La puesta en práctica de una política exterior feminista se enmarcaría dentro de un feminismo de carácter liberal, que defiende los derechos humanos y la agenda de género en los espacios globales nacionales y regionales.

  1. Un primer elemento, es que debe ser una política de Estado que prioriza la igualdad de género y el respeto de los derechos humanos en sus relaciones con otros Estados y al interior de país.Esto supone priorizar la igualdad de género al interior de la estructura del Ministerios de Relaciones Exteriores y en los espacios entre los que toman las decisiones en política exterior.
  2. En segundo lugar, la generación de nuevos estándares en las normas internacionales, que incorporen el impacto de género en las acciones o acuerdos internacionales que se lleven a cabo.
  3. En tercer lugar, es una política que tiene una importante ambición transformadora tanto de las estructuras políticas, que están muy masculinizadas y que excluyen a las mujeres.

La puesta en práctica de una política exterior feminista tiene una importante ambición transformadora tanto de las estructuras políticas, que están muy masculinizadas y que excluyen a las mujeres.

Manuela Mesa

Esto supone nuevas prácticas, actores y marcos éticos y esto es un proceso de medio, largo plazo que implica un cambio de paradigma en las formas de hacer política y en las formas de relación en el sistema internacional; se debe priorizar el diálogo y la negociación. Asimismo, es muy importante la construcción de consensos en torno a temas cruciales como la seguridad, la diplomacia y el liderazgos y como incorporar la perspectiva de género.

Este proceso requiere también de la participación de las organizaciones de la sociedad civil, la academia, el sector privado y los medios de comunicación, de tal manera que sea un proceso de ”abajo-arriba” (bottom-up) y de “arriba-abajo” (top-down), formulando propuestas y estableciendo alianzas. Se trata por lo tanto, de una puesta por reimaginar el poder y la seguridad.

La política exterior se definen a partir de los intereses nacionales y con frecuencia pueden chocar la agenda de igualdad. Esto se manifiesta en las contradicciones que se plantean cuando por ejemplo el gobierno sueco tiene que decidir si exporta armas a Arabia Saudí.

Suecia ha logrado un liderazgo en la promoción de una política exterior feminista, convirtiéndose en una referencia en el trabajo internacional en materia de igualdad de género. El Servicio Exterior sueco publica ejemplos de cómo funciona la igualdad de género, difunde mensajes acerca de la política exterior feminista y comparte información en torno a artículos y eventos. Sin embargo ha sido muy cuestionada por su política migratoria, y a la imposición de fuertes restricciones y controles fronterizos, que tienen un gran impacto de género.

Aunque Suecia ha sido durante muchos años, un país que ha destacado por apuesta por la diplomacia preventiva y por abordar las raíces de los conflictos armados, también se encuentra entre los diez principales países exportadores de armas del mundo y vende armas a regímenes autoritarios y represivos como Arabia Saudí o Yemen.

La política exterior feminista de Canadá se ha incorporado a la cooperación internacional (Feminist Assistance Policy), pero no a otros ámbitos como la diplomacia, la defensa y el comercio.

En el caso de España, a propuesta de una política exterior feminista es muy reciente y el cambio de Ministra ha paralizado el proceso.

En el caso de México se percibe como una política que se ha lanzado desde arriba-abajo (top-down) y no ha sido capaz de incorporar a la reflexión y acciones a las organizaciones de la sociedad civil.

Elementos finales para el debate y la reflexión

La apuesta de algunos Gobiernos por impulsar una política exterior feminista, es sin ninguna duda muy positiva, porque tiene un efecto performativo. El hecho de definir la política exterior como feminista, contribuye a visualizar como la política exterior es un ámbito muy masculinizado que excluye a las mujeres y reproduce las jerarquías y patrones de discriminación en el ámbito internacional y nacional. Y por lo tanto, es una política que debería transformarse para incorporar la igualdad de género como un elemento distintivo.

La puesta en marcha de la política exterior feminista es muy reciente y requiere de análisis, debates y propuestas para avanzar en la incorporación de la igualdad de género a la esfera internacional. El camino por recorrer es muy largo y los retos son enormes y no exentos de contradicciones.

La política exterior feminista presenta dilemas éticos y existe una tensión entre el pragmatismo y el idealismo. Cambiar las estructuras patriarcales en las instituciones internacionales son objetivos a largo plazo, que encontraran resistencias y rechazo.

Algunos análisis plantean que no es posible llevar a cabo una auténtica política exterior feminista, que sea transformadora si se hace con las actuales estructuras, que están configuradas de manera patriarcal. Para otros, la puesta en marcha de una política exterior feminista, tiene un gran potencial transformador y abre la puerta a experimentar nuevas opciones e iniciativas. Esto requiere definir aquellos principios que son irrenunciables, por una parte y por otra ser conscientes de las contradicciones existentes y explorar como afrontarlas.

María Villellas: No dejemos que la política exterior coopte el feminismo: el caso de Afganistán


El feminismo es más necesario que nunca en este momento de crisis y transición. La pandemia ha roto las costuras de nuestras sociedades y debemos aprovechar la situación para repensar el futuro de nuestras sociedades aportando los saberes del feminismo. La política exterior no puede quedar al margen de esta reflexión. Estamos en un momento en el que el feminismo se ha convertido en uno de los motores de la política y de la acción social, incluso durante la pandemia. El feminismo está siendo escuchado en la esfera política internacional pero al mismo tiempo constatamos la llegada y fortalecimiento de gobiernos ultraconservadores y de extrema derecha y que ganan espacio los discursos de xenofobia, homofobia y misoginia y que ponen en cuestión el multilateralismo internacional.

Algunos países han calificado su acción exterior de feminista. Quiero hablar de cómo el feminismo y la agenda de mujeres, paz y seguridad han impregnado algunas dinámicas de política exterior, al hilo del caso de Afganistán. La cuestión de los derechos de las mujeres ha permeado la política de muchos países con respecto a Afganistán desde el 11S de 2001. Pero yo no considero que se hiciera desde una defensa genuina de los derechos de las mujeres y de solidaridad feminista, sino que se hizo desde una instrumentalización de estos derechos para servir a los intereses de los Gobiernos. Tenemos que reflexionar sobre las implicaciones que muchos Gobiernos hayan adoptado un lenguaje de igualdad de género y de derechos de las mujeres sin que la incorporación de ese lenguaje haya conllevado transformaciones de calado en las políticas llevadas a cabo.

Tras 20 años de invasión y millones de dólares gastados, los niveles de discriminación de las mujeres en Afganistán seguían siendo altísimos: matrimonios forzados de niñas, leyes que permitían la violencia por parte de los maridos, fortísimas restricciones al divorcio para las mujeres, no reconocimiento legal de la violación en el matrimonio… Sí hubo avances importantes y la situación no era la misma, pero estas mejoras han sido fruto del trabajo de las mujeres activistas y no tanto consecuencia de la acción militar.

María Villellas

Hay muchas trampas en la intersección de la política que ha estado marcada fuertemente por la lucha global contra el terrorismo y que las mujeres por la paz y las defensoras de derechos humanos tanto hemos criticado y cómo la cuestión de las mujeres ha servido para fortalecer esta política. Cuando los Gobiernos definen la política exterior como feminista creo que lo hacen desde otro lugar, como contrapeso de esa política de lucha global contra el terrorismo. La preocupación de la administración de EEUU por los derechos de las mujeres no emergió con la voluntad de incorporar el feminismo a la política exterior, fue el marco de lucha global contra el terror el que dio lugar a ese lenguaje. Las organizaciones de mujeres afganas no dejaron de denunciar la violencia que sufrían después ni el hecho de que los líderes apoyados por la comunidad internacional eran criminales de guerra.

Es muy importante destacar que la situación de la mujer en Afganistán era fruto de la intersección del patriarcado con la guerra, fruto de un sistema político misógino. Tenemos que subrayar que el militarismo es un sostén del patriarcado.

Desde 2001 muchas feministas advertimos de que ninguna guerra sirve para defender los derechos de las mujeres. Tras 20 años de invasión y millones de dólares gastados, los niveles de discriminación de las mujeres en Afganistán seguían siendo altísimos: matrimonios forzados de niñas, leyes que permitían la violencia por parte de los maridos, fortísimas restricciones al divorcio para las mujeres, no reconocimiento legal de la violación en el matrimonio… Sí hubo avances importantes y la situación no era la misma, pero estas mejoras han sido fruto del trabajo de las mujeres activistas y no tanto consecuencia de la acción militar. Ninguna mujer estadounidense o afgana tuvo un papel en la negociación de la retirada de las tropas. En Naciones Unidas había una enviada especial que quedó completamente relegada cuando se negoció con los talibanes.

Para lograr una política exterior feminista, debemos permanecer atentas a las formas en las que la política exterior adopta selectivamente aspectos del feminismo que puedan beneficiar a los intereses de los Estados y al militarismo pero no al empuje de los derechos de las mujeres. Debemos trabajar para que la política exterior de los Estados no coopte al feminismo sino que se impregne de las propuestas que las organizaciones de mujeres venimos haciendo en el último siglo.

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